martes, 11 de octubre de 2016

¿Por qué me hice Tinder?

Buen martes!!! Otra vez martes de La grande y capaz esta vez voy. Sola, obvio.


Me dí cuenta de que estoy contando muy a la ligera mis mil y una citas con desconocidos (mis amigas tampoco saben cómo sigo viva) pero en ningún momento, creo, aclaré por qué empecé con esta metodología.
¿Me faltaban chongos? ¿Soy una persona con dificultades para sociabilizar? ¿No salgo nunca y, cuando salgo, nadie me habla? 
No, no y no.
O al menos: creo que no, no y tampoco.

Vamos a ponernos en situación y espero que se lea con tono de relator de carrera de caballos: corría Diciembre 2015, mi entonces novio y yo hacíamos planes para mudarnos juntos a un tres ambientes con nuestros dos gatos. Debía ser tres ambientes para que él, como es músico, tenga su home studio y yo pueda estar mirando tele o estudiando tranquila sin vernos la cara todo el tiempo. Que sí, que no, que dale, vivamos juntos, re lindo proyecto, blah. Miramos deptos. por Chacarita, Colegiales, Villa Crespo, tenía que quedar a mitad de camino de todos nuestros amigos y obligaciones, así que esos tres barrios estaban óptimos para recibirnos.
Se aproximaba Navidad y arreglamos que sus papás se sumaban a pasarla en la casa de mis viejos, todos a la pileta, comida, familia. Para mí estaba buenísimo, significaba un paso (después retrocedí unos casilleros pero estoy aliviada) el hecho de pasar las fiestas con el tipo al que - fuera de mi familia- más amaba y con quien tenía un lindo proyecto. Fue como una semana de alegría total, habíamos encontrado un segundo gatito y decidimos quedárnoslo (apareció debajo de un auto, muy roto, un día de lluvia), yo había empezado a trabajar y estaba re contenta (sigo) y había aprobado las materias que cursé ese cuatrimestre.

Llega el 24, amanezco con él y antes de irme con mi familia me dice que no tiene nada de regalo porque - por tercer Navidad- todo le chupa un huevo y no cree en los regalos. O sea, ni siquiera tuvo el tupé o la decencia de llevarle algo a la novia en el marco de Navidad en la casa de sus suegros. Ni hablar de llevar un vinito al padre de la que se garcha. Soy la menor, la mimada, todos querrían (calculo) que este con alguien que me cuide y mime, medianamente no tan fisura. Bueno, no... a mi ex nunca le importó un sorete el conjunto de fechas importantes para mi, ni cumpleaños, ni aniversarios, ni fiestas, ni aniversarios de muertes ni nada. Claramente sigue sin entender por qué me duele tanto que el 25, después de pelear el 24 (no por el regalo sino por el desgano que venía notando en él), me dejara.
¿Cómo? Sí, me dejó en Navidad. Fui a su casa para arreglarnos después de lo que yo creía una discusión más, ya que  habíamos pasado el día en la pileta de mi casa, con sus viejos, y no, el tipo así suelto de cara, y de ropa, me dejó nomás. Me dijo que no estaba enamorado y que no quería saber nada más, a pesar de estar buscando departamento conmigo, que no le interesaba gastar plata en viajar, que no quería gastar plata en ingresar a un departamento, bla bla bla.
Un regalo de Navidad, dirán algunos, un hijo de puta, dirán otros. Yo oscilo entre las dos apreciaciones y las combino. Fue un regalo liberador y el forro es un hijo de puta, ambas.

Al mes yo estaba mudada (vivo en Palermo, barrio que no tenía en consideración porque a él le parecía muy cheto y careta), con mis dos gatos (ahora están viviendo con sus abuelos en el campo pero en ese momento estaban haciéndome compañía), con muchos amigos cuidándome y chongos velando por mi seguridad.  No voy a ser hipócrita y decir que no sufrí pero estoy más furiosa con la vida ahora que en ese momento. Sinceramente fue un alivio sentir que podía dejar de remar, que podía abandonar un bote en el que estaba sola (aguante la metáfora locooo).

En fin, decidí incursionar en el maravilloso mundo de las citas a ciegas pero al toque me enganché con un uruguayo con el que venía que sí que no hace años. Cuando eso no funcionó me metí de lleno con las apps y a partir de ahí viví una sucesión maravillosa, como dije antes, de citas bizarras y memorables.

Pasé por un tatuador cuyo arte me parece un bajón, por uno que simplemente no fluyó, por un músico drogadicto hermoso pero loco, por un cineasta re chapa, por un nerd estructurado hasta la médula, por un cuarentón que me quería de novia joven y hermosa , por el que no se banco ni una copa de vino en La Cigale (pero "soy músico de rock"), por el de las cenizas del perro y por muchos muchos muchos histeriqueos virtuales que me llevaron a que forme mi opinión acerca de la virtualidad. ¿Cuál es esa opinión? que la virtualidad se convirtió tan rápido en el lugar de comodidad por excelencia de muchísima gente, que es muy dificil lograr que la gente se interese en relacionarse de verdad; la gente que usa las apps que usé yo, en su mayoría, están tan cómodos que desaprendieron el cara a cara. Otro día les cuento acerca de mi primera pija de Tinder. El día que uno logró pasar a Whatsapp y lo primero que me mandó no fue un saludo sino una foto de su pija. Eso es la virtualidad para mí.

Igualmente, aclaro que no solo salí con gente en formato citas a ciegas, también salí con pibes que ya conocía, con chicos que conocí en bares o boliches (ya les contaré acerca del chico cuyo nombre nunca aprendí pero es una pena porque estaba re bueno), gente de la facultad... pero todo eso me llevó a que me sature y esté irritada, en mi etapa más intolerante, conociendo mis límites y conociendo los espacios en los que me gustaría ser un poco más soberana y menos pichona.

Como me considero un poco feminista, no me asusta en lo más mínimo parecer un poco trola con todas mis historias, o confesar que salí con mucha gente; no me asusta porque espero que toda esta catarsis me logre liberar del enojo que hay detrás. Espero canalizar en este espacio mi enojo y liberarme un poco, a ver si puedo volver a estar fresca y luminosa. La explicación de por qué me hice Tinder y Happn no fue graciosa, fue muy real, hubo mucho dolor y mucha evasión de vivir este momento que estoy atravesando ahora.

Tengo y quiero estar sola un tiempo, me necesito.




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