miércoles, 20 de julio de 2016

Yo sé que es cursi, pero hago lo que me dice mi corazón.
Y si la norma social no me respalda, esperaré a que llegue alguien con la misma ilusión que yo
y me habré sacada mejor temprano que tarde a quien no comparta algo tan puro y natural
como lo es dejarse llevar.

martes, 12 de julio de 2016

De repente las cosas convencionales no me saben asquerosas y los antros, que a veces extraño, están lejos. Ni fu ni fa. Hoy no quería sushi sino pizza.

Me acostumbré a ciertas dinámicas del trash que ya no elijo y descubrí que, de no elegirlas, surgen nuevas posibilidades. El abanico de chances nuevas y novedosas, porque no sólo se trata de caras nuevas sino de opciones que no conocía y que creía que, de existir, no me correspondían.

Porque violencia no es pegar nada más, violencia es que te griten, que te ignoren, que te desprecien. Violencia es un término tan amplio que termina en la nada, termina en miles de discrepancias conceptuales que no conducen a la solución de ningún problema.

No voy a negar que extraño ver bandas, extraño salir vestida normal y unos besos que suenan a hogar. Terminó siendo como el té que mancha una camisa negra. No se notan las manchas pero cada vez hay  más y el negro es cada vez más profundo. De a una saco las manchitas, una a una. Quedan suaves, ahí, las marcas de esa mierda. Quedan como experiencia. Quedan en forma de verguenza.

Y a la verguenza, ¿qué le gana?
La risa

Y río, a diario. Río, me río de mi misma, de río de mis verguenzas y se achican, se hacen bolitas pequeñas. Las tiro, al río Paraná, a la pileta de mi casa, arriba del techo de chapa que veo desde mi ventana del piso 4. Las revoleo, las alejo, las pierdo.

Tomó el tren, cada anden era un universo paralelo, un abanico de posibilidades. 
Nunca había recorrido el conurbano desde esa perspectiva. 
Siempre en auto, nunca había tomado un 55. 
Sacar a las personas de su natural. 
Sintió, por primera vez, la libertad del anonimato sin expectativas. Cualquiera puede ser anónimo con un bolsillo lleno pero es mucho más dificil ser realmente anónimo. No comprar, no tocar, no desear. Contemplar.
Cualquiera puede ser anónimo si tiene muchas cosas con su nombre de resguardo. Pero si te despojan de todo es otra historia. 
"Usted está en mi asiento" le dicen al rico y él, desconociendo si se trata de una joda o una regla, se para, humillado. ¿Será que te caeras por la puerta de pedo cerrada del tren?
Jamás había dejado un asiento, ni siquiera a una querida. Prefería comprar muchas sillas extras con tal de seguir cómodo. Prefería pagarle a alguien para que deje su asiento que pararse. El trabajo es lo primero, el trabajo dignifica, el orgullo de lo propio, se llena la boca.
¿Qué se siente viajar en tren a Maquinista Savio, hombrextraño?
Daría lo que sea para sentirse mejor, se entregaría a cualquier templo. Pero a veces, cuando uno se despierta, sobre todo cuando se despierta del todo, es imposible dejar de ver.  
Y en el caso de que lo logres, hombrextraño, en el caso de que logres naturalizar toda tu bendición después de viajar en tren durante la hora pico hacia un pueblo del conurbano... en ese caso entonces siento pena y alivio. 
Alivio porque lo intentaste, porque no es que querías encerrarte en tu propia inercia. Es que te habías convertido en ella. Es dificil ver, lo sé. 

martes, 5 de julio de 2016


Gomito de oficina

Divagando por mis pensamientos más íntimos, escuchando Juana Molina como mi especie de mujer himno del día.
Arrepentida de algunas cosas, ansiosa por otras.

¿Quién decidió que terminar es un adiós? lo decidí yo.

A veces me preguntan por qué estudio linguística, o por qué creo en las cosas en las que creo, como el reiki. En realidad para mí es un todo tan inseparable que no puedo evitar emocionarme en mis estados de relax como el de este momento. En medio de la vorágine de todos los días y en medio de parvas y parvas de pensamientos a veces no notamos que sí transmitimos algo.
Autoestima alta, baja, transmitimos.
Luz tenue o brillante, transmitimos.
 Creo que es la sensación de poder hacer todo en contraste con la de que no querer hacer nada, la que me frena, pero a veces pienso que es lenguaje y nada más. Ni nada menos. Lenguaje puro, tirado así, a una pared, como acrílicos estrellados, a ver qué forma resulta.
Lenguaje, así, comprimido y tirado a una pared y pum! mi mente. Pum! una mente, pum! otra mente. Cualquier mente, para mí, es lenguaje estrellado contra una pared.
La forma de desenredar eso y ver cómo se mueve, cómo piensa, para qué lado va y qué combustible lleva cada mente es, para mí, estudiar la lengua, el lenguaje.
Como una red, no desde un punto fijo sino desde conexiones, como una red en la que se cruzan las cosas, como una red en la que algunas relaciones activan más puntos que otras, como una red veo todo. Puntos en los que uno gasta más tiempo, puntos en los que uno se perpetúa, puntos en los que uno continúa viviendo a pesar de haber encontrado otros puntos.
Puntos que anclan la memoria, puntos que anclan la angustia. Puntos, muchos puntos relacionados, qué los une, qué mueve eso que va hacia el punto, o sea, qué nos mueve.
Eso podés estudiarlo con terapia, con deporte, con reiki, con música, con cualquier cosa, menos con dogma.
El dogma es otro de esos puntos nada más.
El dogma es uno de esos puntos que te anclan, que te sacan una barrita de energía y se la quedan ahí para que vos recorras el resto del camino inquieto.
Eso es el dogma para mí.
No soy ferocísima, soy transparente, arranqué este blog hace años y sigo intentando definirme  igual que cuando me quise ir a al mierda.

Ahora llevo mi casa adelante, vivo de mí, estudio porque quiero, estudio con esfuerzo, y así todo sigo conflictuada como el primer día. Porque es así, la duda existencial es otro rasgo de mi personalidad que en realidad es otro punto que no logro desconectar. Debería poder borrarlo y aplacarle el color oscuro.

Perot not
not est tant facilt
la clave es ponerle una T al final, para que sirva de paraguas por si llueve.