miércoles, 19 de junio de 2013

De escribir con indelebles, hartos
De no poderborrar, nosotros
Huellas no, marcas, siempre.
¿Es lo mismo?
Huellas no, algunas se borran
 y
 nosotros de escribir con indelebles, hartos
Entonces nos tocamos
todos a todos
manos, manosmanos manos manos, manos. 
Ensuciamos nuestros cuerpos de marcas de manos de nosotros de los mismos de siempre, indelebles.
Siempre hartos, nosotros.

domingo, 2 de junio de 2013

Las mujeres y las rejas

Estoy en un almuerzo rodeada de mujeres que consideran que criar a sus propios hijos es ser menos mujer, mujeres que piensan que son más independientes por permitir que unas maestras jardineras le configuren las ideas. La bebita aquí presente golpea a sus muñecos para dormirlos y el bebito viene agresivo después de la semana hábil. Hoy me voy con el brazo mordido.
Muchas piensan que si estudian algo como fotografía, las mujeres, tienen que trabajar ya que no es suficiente oficio, que si no trabajan están mal, mujeres de treinti que hacen preguntas típicas de mujeres de ochenti; mujeres de la ciudad capital que hacen preguntas típicas de mujeres de barrios marginados de pueblos marginados del sector marginado del interior que no tienen sus mismas posibilidades.

Mujeres que a veces parecieran envidiar todo y hasta lo que pueden tener y no eligen, mujeres que gritan "¡cuánto se castiga!" sobre los que viajan pero (que) no viajan, "a ver si se desvían de su camino, que viajar no está bueno, hay que trabajar y criar a los hijos" (pero)y la prioridad es mandar al pibe al maternal.

En este almuerzo yo no pego y no me disgusta, mi madre no pega del todo aunque le es indiferente. Ella eligió dedicar su vida a criarnos a nosotros, sus hijos, ¿eso la hizo menos o más mujer? ninguna de las opciones, pero como todo es cuestión de grado, es más lo que la ponderó mujeraza que lo que la convirtió en una simple ama de casa. Mi mamá trabaja en casa, trabajó para que sus hijos quisiéramos lo mejor para nosotros, mi mamá nos crió más libres que algunas mujeres que se creen libres por trabajar. Mi mamá no nos crió mediocres a pesar de que su trabajo sea considerado una condición y no un empleo.
No niego que a veces trabajar sea lo que nos libera, estoy poniéndolo al mismo nivel del resto de las actividades: libre e independiente te hace vivir plen@, vivir con convicción, vivir sintiendo lo más honestamente posible, dedicarse a hacer lo que nos gusta, vivir sabiendo que vivimos.Vivir sin depender de lo que hacen o dejan de hacer los demás. Vivir tratando de ser uno mejor sin estar pendiente de competencias ficticias.
Eso es la independencia para mí.

Ahora, no voy a ser hipócrita, a mí me toca de lleno. Boom. Bum, bom.
Amo a los nenes de mi familia y, encima, mi carrera universitaria embebe e invade, con un halo de fatalidad, el resto de mis ámbitos. Considero que mi carrera es de esas que se estudian 25 horas diarias, estudiar el lenguaje es un vicio, en lo académico y en lo real. El peso que tienen las palabras para mí tiene que fundarse en mi familia. Pero voy a que la vocación que yo tengo no se define por lo académico porque no surge de ahí sino de un vínculo que se ocuparon de generar en mí con la literatura, con las letras, con las palabras, con el motivado -pero también obligado- vínculo con los otros. ¿Por qué no querer que los nenes de la familia sean libres? ( no soy yo el estereotipo de libertad, tomen ese deseo de libertad para los nenes como la posibilidad de elegir con la menor cantidad de juicios ajenos insertos en sus chips) ¿Por qué criarlos con palabras como horarios, fijos, invariables, así ó asá, sueldos, configurarlos con ideas como que la feminidad y la virilidad se compran, que la mujer tiene que ser flaca para ser linda, que ser mamás y papás arruina la vida y que los nenes son lo mejor que hay pero te roban la vida?
Los metemos de lleno en un mundo de confusiones y les tiramos una guía T del ´95 en la que Avenida Rivadavia era siempre doble mano, Florida no era peatonal y la Línea A del subte llegaba a Primera Junta. Los mandamos a la vida creyéndonos que es necesario abandonarnos y soltarnos en vez de aprender a llevarnos todos juntos; a los pendejos los arrojamos así, como quien tira pochoclos al de adelante en un cine... los arrojamos esperando que caigan de pie pero no los criamos, los mandamos al jardín y confundimos estímulos con educación. Monerías con contenido. Ocupación de tiempo con dedicación. Se subestima la educación que se puede enseñar con el ejemplo, en general, es algo que me impacta de la generación de niños criados por la palabra santa del médico y no de la mamá, que cada vez tiene menos libertades aceptando todo lo que viene de afuera.


La multiplicidad (creo, aunque voy a sentenciar:) sólo es un capricho cuando se enseña restringida, sesgada por determinada ideología (machista/feminista), yo quiero que las mujeres vean lo múltiple no como múltiples kilos a perder, múltiples pares de zapatos, múltiples carteras, múltiples mucamas, múltiples productos sino como  múltiples posibilidades, equiparables posibilidades. No pido machismo, no pido feminismo, pido que las mujeres de mi familia se crean lo mismo que los demás, ni más, ni menos.
Que no se sientan ni más porque trabajan ni menos porque sienten que tienen que trabajar para ser igual.

Ahí está el asunto, en todo el embrollo de machismo/feminismo, ¿quién elige? nosotras, siempre somos nosotras, siempre somos nosotras las que elegimos ser o no machistas, las que elegimos pensar o no, las que elegimos hacer las cosas distinto.
Siempre somos nosotras las que podemos y debemos tensar las nociones preconcebidas, las que tenemos que dar el paso y largar los gimnasios, las que tenemos que cuestionar y las que terminamos condicionando, a nosotras y, en el caso de las madres, también a sus criaturas.

Mujeres contemporáneas, entendamos algo fundamental: no es trabajar lo que nos hace mujeres; somos más respetadas cuando tenemos un pensamiento crítico, analítico y una buena voz.