martes, 27 de septiembre de 2016

Happn 1 - Barbie 0

Hola martes! 
Hoy es martes de La Grande pero no voy a ir, logré que mi madre venga a visitarme.
La manía de mis padres de sentirse culpables por todo, en especial mi mamá que la invito una y mil veces y no viene.
Necesito un poco de amor de madre, de hermanos, de padre, de mis gatos. Un poco de cariño nomás.

Me inquieta el presunto hecho de que si sos bueno te pasan cosas buenas pero que putamente nadie ni nada te garantiza que a al gente mala le pasen cosas malas, o por lo menos no le pasen cosas excelentes. O sea que, como me creo buena, debo esperar cosas buenas; pero y entonces tanta muerte y tanta mudanza para qué? debo ser mala.
Por lo tanto, solo por hoy pienso que nada más hay hechos. Está el hecho frustrante de que estoy cansada, estudiar cada vez me cuesta más, el trabajo es trabajo y no estoy cambiando el mundo precisamente. Tampoco estoy marcando la diferencia ni estoy siendo relevante en muchas vidas, incluyendo la mía, porque estoy tan cansada que no sé por dónde ando. (Ay qué tremendista)
Está el otro hecho. El del otro, un otro que logra llevarse su arte a Europa cuando nunca le interesó ni el arte ni Europa. Entonces pido ayuda para no frustrarme hasta el agotamiento y entonces creo que, finalmente, viene mi mamá.

Frené a 0. Borré a la mierda Happn y Tinder después de que el domingo saliera a tomar mates con uno que me llevó a la fuente en la que tiró las cenizas de su perra. ¡¿Cómo?! Sí, y me contó que miró las cenizas y que el horno debe haber estado a mínimo, porque había partes que parecían ser huesitos. También imitó cómo robaba comida de la mesada de la cocina y me contó cuán compañera era. (*la imitación consistió en él saltando, con las manos para adelante y la lengua afuera)
A todo esto, el pibe es sociólogo, doctorado en algo groso, y yo (prejuiciosa) pensé que iba a ser interesante. Resultó ser un goma que no paraba de hablar de él, una impunidad total para decirme que mi carrera es inútil (yo estudio Letras y él es sociólogo... el tuerto se rie del degollado, claramente) y yo con mis pensamientos cínicos de "así la querés poner, flaco?". Se lo dije y también que después de tres años de muerta su perra podía, tranquilamente, conseguirse otra. También le tiré que mucho no coincidíamos en el orden de prioridades que le asignmos a las cosas. Ya sé que es cruel, amo a mis gatos. Tengo dos y hace unos meses falleció mi mascota Brigitte, que compartió conmigo 12 años, pero dale... no me imagino qué hará cuando se le muera un humano.
Lo paradójico es que me dijo que sabe que, para ponerla mucho hay que ser músico (y no sociólogo, calculo). No, basicamente hay que no-ser tan idiota como vos :) . Muy divertido que me explique a mí cómo funciona la fascinación por los músicos, aunque no entiende demasiado, porque se piensa que a las minas únicamente nos gustan los rickymartines o los andrescalamaros. 
En 15 años nunca fui al cementerio y este pibe me lleva al lugar de las cenizas de su perra justo en el momento en el que más enojo siento. En toda mi vida jamás había sentido tanto enojo como estos últimos días. Qué suerte tuvo de que no descargue mi ira con él. En cambio, como mencioné en un post de hace mucho, cada vez que siento este enojo me duele la muela de juicio (bueno, no la muela sino todo lo que conlleva, la muela, con M de mierda).
Ese es mi indicador de que estoy en el horno (espero que esté a mínimo como el del crematorio de mascotas) y que tengo que parar.
 En fin, meché mi catarsis con una de mis tantas-tantísimas historias de las redes sociales. Pero sí, tengo que frenar. No es que me esté garchando a todos ni nada, mis historias son más bizarras que hot (como que el pibe resultó ser enano y no me lo dijo de antemano, o el pibe que se llevó lo que quedaba del vino para no gastar en su casa-a la que no fuimos, o el que se fue a lavar los dientes con cepillo y pasta en medio de Antares...), pero me siento en un espiral que me llevó a un punto que detesto y con un dolor de muela que me está sacando toda la alegría.

Ah, a todo esto, con el pibe del domingo compartí dos horas y moneda. De las dos horas totales mi turno de habla total consistió en 15 minutos. Imitó ataques de karate mientras caminábamos por los bosques de Palermo, a su perra y me contó todo lo que no me interesa, o sea: su vida. Pero no me interesa porque me sentí un maniquí. Un maniquí muy potro pero un objeto al fin.


Ya lo sabemos, todos tenemos un poco de miedo (rocknacional dixit)



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