miércoles, 21 de agosto de 2013

Te escribo a vos, para vos.

Me lees.
Miraste mis fotos, todas. Incluso esas que ni yo ví.
Me conociste a pesar mío.
No huyamos, no huyamos, no huyamos.

Te lo repito, mil veces
en prosa
en verso
en sexo
en cena
en desayuno
en cama
en sillón
en cocina
en patio
en terraza
te lo repito, mil veces
No huyamos.
No huyamos más que a ese patio, esa cocina, ese verso, esa prosa, en ese sexo, desayunando, cenando, mil veces, no huyamos más que a ese momento en la ventana.

Me lees, miraste mis fotos, incluso las que ni yo recuerdo.
Nos conocimos  a pesar nuestro, nos conocimos habiéndolo pedido, te lo repito mil veces.
El miedo está bueno, es emoción, pero acá estoy, vos.

Estoy parada frente a vos, con o sin ropa, con eso que me define,  que es mi desnudez o cualquier bombacha.
¿Qué hacés, me tomás?
Bebeme, entera. Masticame, dormime, dejame hacer lo mismo.
Principalmente
e
s
o

Dejame hacer lo mismo.

Nada, acá-
Oscurece,
Supongo, lo
Obvio, que somos .nosotros-
toda,
relación de muchas vidas
oscila, entera
sola, entre nosotros.

Algo así no puede sino ser compartido -por no cargarnos un mutuo- no es posesión de un@, ni vos, ni yo, ni ella, ni de otra.

Ni mi B de Barbi, ni mi C de Carol, ni la S de mi apellido ni la A de anonimato me achican hoy.

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